Tartar de lomo
- El Escudo

- 18 jul
- 3 Min. de lectura
Hace años que no me veía con mis compañeros de universidad, siendo literatos desarraigados, era de suponerse que estaríamos todos merodeando en las marañas del conocimiento, pero seguramente, sumados a la estadística laboral desde lugares, no siempre cercanos a las letras. Con una descripción muy breve sobre su vida actual, quedé de verme con Ariel Carrillo, con quien había compartido apartamento los primeros años de la carrera. Nos vimos en el hotel en el que yo me estaba alojando, llegó caminando, como la recordaba, con el desparpajo costeño, unos blue jeans apretados y una camiseta suelta con un hombro destapado.
- Qué rico verte Ariel, dije sorprendida de su apariencia tan juvenil.
- ¡Entonces! Cuánto tiempo Zarama, - eche, ¡qué gusto! Dijo
Y nos sentamos a desayunar. Como era un buffet, de los que suelen tener los hoteles los domingos, fuimos cogiendo cada una, lo que quería. Yo como siempre, una buena porción de ensalada, tomates, aceite de oliva y muchos quesos. Ella, un poco más conservadora, empezó con frutas. Las dos pedimos café. Empezamos lo que sería una diatriba de recuerdos universitarios que nos llevaron de vuelta a los salones de clase, a los amores de turno, a los libros amados, a las exposiciones y faldas hechas a mano para conquistar escritores recién publicados y bailarines de salsa, cantando a todo volumen #LoEchamosaSuertes. Recorrimos juntas, en medio de los huevos revueltos y los jamones, las tardes caminando por la Universidad Javeriana, de una cuadra a la otra para recibir las clases de literatura medieval, en las que soñábamos de alguna manera, encontrar la forma de rescatar nuestros héroes en el walhalla. Inocentes valquirias, que se recorrían a sí mismas en plena adolescencia, a través de los laberintos de Borges y Cortázar, y que se dejaban la vida en medio de las cervezas después de clases, en la esquina de El Paisa. Él nos fiaba el trago y las empanadas, oyendo con atención fina, los disturbios que hacíamos con el lenguaje, mientras posábamos de intelectuales, en medio de un saber que nos era aún desconocido. No percibimos entonces, que ese saber, nos dejaría viviendo en unas trincheras de hierro que agarraríamos sin darnos cuenta, como barrotes de una cárcel cualquiera, presas, mojando cartas de papel, buscando la oportunidad a través del tiempo, de encajar en una novela mejor contada que la que habíamos escogido para vivir. Dejamos que las historias, se tomaran las horas en ese restaurante, que fue vaciándose poco a poco, junto al recorrido que llevaban los cuentos, reteniendo las uñas pintadas de negro, aprendiendo unas palabras de francés, para recitar con acento a Mallarmé, en la puerta al paraíso de los poetas malditos, que tanto ansiábamos recorrer, y que no sabíamos en esa época, ya nos había puesto un sello en los zapatos, condenadas para siempre a ir en busca de lo ausente, dando vueltas en círculo, dentro del mismo lugar. Pasamos del café al vino, y con él llegaron los recorridos en el bus de La Gaitana, que nos llevaba de la calle 45 con séptima, hacia la casa, más al norte, y que nos dejaba a solas el hambre y la desobediencia civil. Allí, nos detuvimos un rato largo: el tiempo no superaba esas noches de tragos y comida, en las que haciendo alarde de algunos versos, fingíamos cocinar, dejándonos llevar por los aliños que todo lo pueden, enmascarando, al igual que el sabor de la carne madurada por días en la nevera, a la nostalgia que traíamos desde siempre pegada a la piel y que dejábamos nuevamente en los corredores de ese hotel, en el que brindamos untándonos de letras recorridas, esta vez con una carne mejor tratada, citando a nuestro amado Octavio Paz.
Para escuchar #LoEchamosaSuertes de @EllaBailaSola
mientras preparamos un..

Para 4 personas.
INGREDIENTES
250 gramos de lomo de res finamente picado
30 gramos de trigo burgol rehidratado en agua
80 gramos de N´duja italiana
30 gramos de aceite de oliva
2 gramos de semillas de
hinojo tostadas y trituradas
2 gramos de pimienta guayabita tostada
y triturada
30 gramos de cebolla roja finamente picada
Carantantas fritas para acompañar
Escurrir el maíz y juntarlo con los otros ingredientes.
Montarlo junto a las carantantas,
y consumir de inmediato.





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