top of page

Berenjenas con dátiles, avellanas y verdolagas

  • Foto del escritor: El Escudo
    El Escudo
  • 11 oct
  • 3 Min. de lectura

Tu padre te lo advirtió desde que le dijiste que te habías enamorado de ese profesor de la universidad que él veía enjuto y sin aplomo alguno. Te dijo sin titubeos que ya en el Líbano tenías un marido escogido sin trampas, que como tú, compartía el charco de sudores orientales, tu sangre y tu estirpe de reina árabe de ojos profundos y caderas largas… “Pero tú no harás caso nunca, no te casarás con alguien a quien no conoces, eso te lo has repetido desde que eras una niña, sólo te casarás por amor, porque tu piel blanca que trae esa estampa pensativa y suave es caribeña y aunque sabes que tus ojos ámbar se pierden entre alforjas y alfombras mágicas, se saben hace tiempo prisioneros del mar ecuatorial. Además, nadie tiene derecho a escoger por ti, piensas, porque tú has dado todas las peleas para sostener tu libertad.” Así que con ese temple férreo, de reflejo fiero, decides encajar tu corazón en la solapa de ese ilustre académico con tu espalda recta, al igual que ahora que te salió con raras, ese, tu profesor que tanto licor toma y que no aparece en las horas de tus cenas tan planeadas y hogareñas que le brindas. Le dices que tu corazón ahora marchito por su comportamiento con el paso de los años, tenía el presagio de las horas que ahora vives, pero, y se lo dices con ganas, tú no vas a seguir tanteándote con la soledad oscura, y con tu voz cimbrada en tus creencias le repites que, si él toma, tú tomas, que, si él sale, tú sales, que no será más un bellaco, que si él no llega, tú tampoco. #Suerte que consigues que no tome de allí en adelante casi nunca por miedo a las borracheras que tú te has empezado a mandar por él, llenas de fogonazos de erudición, en las que además recitas poesía del siglo de oro español frente a sus amigos. Las cosas en la casa empiezan a cambiar con el tinte noble que trae el pavor que le tiene a la vergüenza, que bajo sus dominios te permite cambiar la suerte que le confiaste al amor, por la amabilidad de que te permita volver a cocinar para él, de volver a sentir tus especias en la cocina, de que tu mesa en otrora llena de balbuceos sin sentido, traiga para ti la gratitud de los olores, del fuego a tope que se cruza sin miramientos con las verduras. Cocinas por fin con una gentileza exquisita, ahora que todo está bajo esa calma solemne de tus amenazas cumplidas. Es tiempo de fiesta y pensando en cuál hubiera sido tu otro andén del miedo, - ese otro posible marido ya olvidado, el que te había escogido tu padre en el Líbano, consagrado en tierras lejanas a sus ocios sagrados- , mezclas entre cantos y risas, unas berenjenas con dátiles y verdolaga, para sentir en su aroma, la miel exuberante de los rumores de los tiempos no vividos y de las noches en vela en medio de tu propia vejez. Dejas que el aceite de oliva baje suavemente por donde te duele el amor, enjuagando esas berenjenas de amargura y terminas con unas avellanas de plomo, que saldan con una tenacidad mezquina ese plato que sobresale en la mesa de aniversario en medio del pollo envinado, la ensalada de papa y el arroz, esa comunión perfecta de los fragmentos mestizos de tu realidad con las goticas suaves de los perfumes de oriente, que esta vez se tiñen de la sensualidad que guardas aún para ti solita.



ara escuchar #Suerte de @Shakira

mientras preparamos unas..


ree

Para 4 personas.

 


INGREDIENTES


3 berenjenas partidas a la mitad a lo largo

3 cucharadas de aceite de oliva

50 gramos de avellanas sin pelar

60 gramos de hojas de verdolaga

40 gramos de hojas de albahaca

40 gramos de acelga china

8 dátiles infusionados y picados

1 cucharada de vinagre balsámico

¼ de cucharadita de canela

Sal y pimienta negra

Ralladura de una naranja

 


Pones las berenjenas directamente sobre una sartén con un poco de aceite

por el lado de la piel, hasta que están completamente blandas.

Quitar la piel un poco de la piel, dejar enfriar y cortar en gajos.

Oponer un horno a 140 C° y esparcir las avellanas tostándolas durante 20 minutos.

Retirarlas y cuando se hayan enfriado lo suficiente aplastarlas

con la parte plana de un cuchillo, quitándoles la piel.

Saltear las acelgas chinas y dejarlas enfriar.

Una vez todo esté frío mezclar y sazonar con el aliño de oliva, vinagre, canela, sal y pimienta. Terminar con las avellanas.

Comentarios


¡Gracias por suscribirte!

  • Instagram
  • Whatsapp
  • Facebook
  • Youtube
  • TripAdvisor

Cl. 4a #3-46, El Peñón

Cali, Valle del Cauca, Colombia

bottom of page